-Plantear la ecografía
desde un punto de vista artístico puede tener muchas lecturas en el
espectador: es una metáfora visual muy original abierta a muchísimas
interpretaciones. ¿Cuál es la de la autora y madre?
Interpreto la ecografía
como una mirada estricta a nuestro interior, una fotografía de dentro y
desde dentro, búsqueda interminable que nos lleva al origen, sentimiento
que cierra el círculo y nos devuelve al ser humano en su más oscura
verdad. Ésta es la idea de la muestra, indagar en nuestro interior, volver
al origen del vientre materno y recapacitar sobre lo que somos y fuimos,
sobre nuestro origen y nuestra verdad, sobre la capacidad de decidir y la
actitud que tomamos cuando las decisiones son las que nos roban la
voluntad…misterio de la razón o misterio de la emoción...
-Ser ‘autora y madre’,
precisamente, parece la síntesis perfecta de ‘la creación’: ¿Cómo afecta
ese estado físico y afectivo a tu actividad artística?
Ser “autora y madre”
debería ser la síntesis perfecta para la creación y sin embargo no lo es
tan claro, ser madre y sentir como tales indescriptiblemente grandioso
pero no fácil y afecta de forma brutal al ser artista. Madre en una
sociedad poco conciliadora está lleno de dificultades emocionales y
físicas; artista donde hay que pelear hasta por lo que lícitamente nos
corresponde es absolutamente agotador. Una madre y artista puede abandonar
la creación y seguir creando, puede abandonarse sintiendo y sufriendo en
la propia creación. Sin embargo, este sufrimiento y el placer de ser madre
te obligan a la obra incluso en sus espacios más vacíos. Ser madre y
autora obliga a la superación y origina, en consecuencia, un
enriquecimiento creativo y un aprendizaje constante basado en las pautas y
las rutinas más básicas y rudimentarias del razonamiento lógico.
-¿Crees que te habrías
interesado por este formato tan especial de las ecografías si no
reflejasen una experiencia tan personal como tu propio embarazo? ¿Crees,
en consecuencia, que el uso de nuevas o viejas tecnologías en el arte es
una cuestión principal o secundaria en comparación con la autenticidad de
aquello que se quiere expresar?
Elegir la ecografía como
medio de expresión no tuvo en el comienzo del proyecto nada que ver con la
maternidad y sí con las relaciones, no sé si próximas o remotas, entre la
ecografía y la fotografía. El proyecto inicial surge desde la motivación
de David A. Pérez de Estudio 22 para que colaborara con el espacio. A
partir de ahí y desde su propuesta del uso de la fotografía como medio de
expresión surge Atado a tu ombligo directamente ligado con mi
percepción y formación como artista y como persona. También es cierto que,
sin mi experiencia como madre, quizás la elección de este recurso como
medio de expresión no hubiera tenido cabida, ni sentimiento, ni fuerza ni
el mismo resultado pero, sin la invitación de David, seguramente hubiera
sido un recurso que, probablemente, nunca habría utilizado.
Respecto a la segunda
parte de la pregunta la respuesta es clara ya que no concibo esclavitud ni
servidumbres a las técnicas o procedimientos. Las técnicas, la tecnología
y los medios son, por supuesto, instrumentos de trabajo necesarios pero no
prioritarios y nunca deben anteponerse a la autenticidad de aquello que se
pretende expresar y mostrar.
-En las imágenes destaca
la amenaza sobre al ser indefenso y, pese a ello, su vitalidad: ¿Temor o
esperanza? ¿Con qué nos quedamos?
Temor y esperanza. No
voy a elegir, ni puedo ni quiero. ¿Por qué tengo que hacerlo? Amore e
psique. Dudo de que el ser humano sea unidireccional y unívoco. Tengo
el corazón atado a tu ombligo es la dependencia absoluta de la emoción,
del deseo pero también del miedo a perderlo todo. Dudo de que la obra de
arte sea unidireccional y unívoca. La esencia del ser humano y lo
superfluo conviven en el mismo espacio. Lo superfluo que nos ata, que nos
hiere como punzones afilados, que nos grita y que se ahoga en el más
absoluto silencio de la oscuridad. La esencia que nos hace libres, LIBRES.
Libres o esclavos.
Repetición de elementos,
dualidad en el juego y dicotomía para la representación del tiempo. Nueve
obras, nueve meses, miles de instantes cosidos al corazón con hilo de seda
o con lloros de rabia e incomprensión, 20 semanas e interrupción o tres
meses que paralizan tu vida, 40 semanas que completan la obra más
incompleta pero más bella del mundo.