Retomando
el estribillo del grupo de los ochenta “Golpes Bajos” puede decirse que
estos son malos tiempos para la lírica. Por ello todavía es más
necesario que nunca reconocer esfuerzos y proyectos que la apoyen. Tal
vez una de las limitaciones que encuentran y han encontrado a menudo los
artistas reside en la dificultad de plasmar su intención, su deseo, su
impulso creativo. Materializar aquello ha preocupado y mucho al arte
contemporáneo que ha buscado captar la esencia de todo el proceso
creador trascendiendo formatos y medios tradicionales con muy diversas
intenciones. La insatisfacción es, por eso, compañera de la creación
pues en gran parte mueve la búsqueda del artista.
Estudio 22 es una
galería logroñesa que posee todo el empeño y arrojo necesario para
luchar, contra corriente, en este mundo desolado de la crisis económica.
Lo interesante de sus propuestas se halla en su originalidad que en más
de una ocasión he comentado. Durante este año y hasta finales de este
mes ha presentado la obra del ceramista Rafa Pérez (Haro, 1957) y lo ha
hecho ofreciéndole tres sesiones de exposición –Momentos de Tierra, Arte
Inocente y Estado de Cosas-. Las decisiones sobre qué exponer y cómo se
han llevado a cabo mediante el acuerdo y la conversación entre el
artista y el galerista –David A. Pérez-. La sensación que esta trilogía
me ha causado, más allá del gran interés que los trabajos de este
ceramista presentan en sí mismos, es la de haberme introducido, un poco,
en el proceso creativo de Rafa.
Si en la primera
se pudieron contemplar algunas piezas en las que el barro era el
protagonista como elemento vivo y, a la vez, expresivo, en la segunda se
pudo conocer el diseño y el uso del azar en la elaboración de un proceso
que derivará en otras obras. Finalmente, esta tercera nos acerca al
universo experimental y procedimental que rodea al artista en su
estudio. Esta sensación de aproximación e intromisión en el mundo de
Rafa Pérez no la he podido completar totalmente hasta esta tercera
exposición. Los fragmentos del rompecabezas han ido casando. Es una pena
que esfuerzos como el de Rafa y David no se hayan difundido más. Puede
que Estudio 22 quede algo a desmano de los itinerarios de los que
disfrutan del arte. No existen, sin embargo, muchas ocasiones para
asistir de forma natural, poco afectada y ausente de efectismo, a una
propuesta tan interesante, a unas muestras que no sólo exponen objetos
para su contemplación, llegando más allá para introducir el cómo y el
porqué, dejando el protagonismo a algo tan inefable como la creación
artística.
Ignacio Gil-Díez Usandizaga
(17-10-2011)